sábado, 11 de julio de 2009

ostracismo




Ella, que tenía las uñas como pelo de gato y el cogote le olía a pan recién tostao
Ella, que se reía de mi constantemente, me pegaba, empujaba e insultaba sin ton ni son;
que me soltaba en las orejas los insultos como mariposas que se podían tirar una tarde entera revoloteando en mis orejas y finalmente se posaban en mis mejillas como una bofetada feliz.


Ella, que me daba miedo de noche y de día, que me comía el cuello sin pudor ni rencor.


Ella, que se sabía dueña de muchos y muchas.


Ella y el maldito pucherito en el labio inferior que puede con mi vida entera y obliga a mis manos a recoger como en un cuenco su mandíbula y comérmela.

3 comentarios:

  1. Precioso y, como siempre, muy sugerente.

    Un fuerte abrazo desde el Otro Lado

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  2. y...

    ¿...Dónde termina la literatura?

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nada estomagante