
Recordó entonces el ruido de la cinta de la persiana con el viento y lo mucho que se parecía a las alas de un murciélago frenético. Recordó los mimos en la ventana y al paciente italoamericano que se paseaba por el pasillo largo de la unidad de quemados.
Fueron los meses más intensos de su vida, cuando se distraía aparecía inmersa en un océano de casualidades inequívocas, tras la meseta del desenfreno.
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nada estomagante